El valor de saber de dónde viene lo que consumimos: ¿moda o herramienta real para transformar el campo?

El valor de saber de dónde viene lo que consumimos: ¿moda o herramienta real para transformar el campo?

TERRITORIOS QUE INSPIRAN / ENSAYO

El valor de saber de dónde viene lo que consumimos: ¿moda o herramienta real para transformar el campo?

¿Pueden los productos de origen único revertir el flujo de valor hacia los productores sin salirse del mercado? No escapan a sus reglas, pero aprovechan una de sus lógicas más potentes: la narrativa como valor.


GABRIELA HERNÁNDEZ   · TERRIVERSAL

01 / El origen convertido en valor

El concepto del origen único ha experimentado un auge importante en el mercado durante los últimos años. Se trata de producciones más refinadas de bienes agrícolas que suelen comercializarse como commodities. El café de especialidad, el cacao de origen o la miel monofloral son ejemplos de productos que han logrado abstraerse parcialmente del control de precios de la producción estandarizada mediante una estrategia paradójica: convertir las relaciones sociales de su producción en una narrativa capitalizable. Han introducido en la ecuación macroeconómica el elemento que el fetichismo de la mercancía quiso borrar: las personas que lo producen.

En el mercado global, constatar la existencia de las cosas es equivalente a ignorar aquello que las cosas contienen y disimulan: las relaciones sociales y las formas que estas relaciones toman. Los objetos no se muestran tal cual son: un alimento, al convertirse en mercancía, esconde su real valor nutricional, las manos que lo cultivaron, las montañas donde creció y las familias que lo cosecharon.

En tanto fetiche, no vemos la funcionalidad real del objeto sino su valor de cambio: cuánto cuesta o qué estatus da. Así, por ejemplo, el café no se percibe como una bebida que da energía, sino como un símbolo de distinción.

Tomemos por ejemplo la última campaña de Nespresso con Dua Lipa. La puesta en escena no dice nada sobre el café, sus propiedades o su perfil sensorial. En su lugar, vende una narrativa aspiracional de sensualidad y sofisticación. Implícitamente sugiere que, por ley de transitividad, al comprar esas cápsulas con estampados de moda, el consumidor adquiere los codiciados atributos de la estrella del pop. En la práctica, paga por el diseño de un contendor de aluminio y por una historia vacía, mientras el café que contiene es de calidad mediocre.

02 / La contradicción del mercado

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando un producto agrícola, en lugar de ocultar su origen, decide mostrar explícitamente las relaciones sociales de producción? En principio, parece una inversión del fetichismo. Pero aquí aparece la primera contradicción que quiero señalar: capitalizar las relaciones sociales no es automáticamente una acción transformadora. El mercado contemporáneo es experto en mercantilizar la autenticidad, el origen y la justicia social. En este sentido, que alguien pague más por un café porque “sabe de dónde viene” sigue siendo una operación de mercado, no un cambio estructural.

Sin embargo, estaríamos ante un razonamiento ingenuo si nos quedáramos ahí, porque la diferencia crucial está en quién captura el valor agregado y dónde termina físicamente el dinero.

Aquí es donde hay que distinguir entre dos modelos opuestos en el café de origen: por un lado, los cafés que se exportan como grano verde y son tostados en el país de destino: en ese caso, gran parte del valor agregado (tueste, empaque, marca) se captura fuera del territorio productor. Por otro lado, está el café que se procesa y termina íntegramente en el lugar de producción.

Pero la realidad es tozuda: recientes análisis del sector muestran que, incluso en el café de especialidad, la porción del productor en el valor final es sorprendentemente baja. Esto lleva a una conclusión clave: el debate no debe centrarse en si el café se vende verde o tostado, la verdadera variable es la agencia del productor, es decir, su capacidad para participar directamente en la dinámica comercial.

Las cosas cambian cuando los productores logran afrontar el mercado internacional de forma directa, bien con grano verde o tostado. En este caso, la narrativa vinculada al territorio permite que una mayor parte del precio final llegue físicamente a los caficultores y trabajadores involucrados en la cadena.

03 / Una herramienta de reparación territorial

Entonces, ¿es esto una solución mágica al desequilibrio del comercio global? No. Un nicho de café premium no va a reconfigurar la economía internacional, pero podemos considerarlo una herramienta de reparación territorial que contribuye a frenar ciclos de empobrecimiento del capesinado y degradación de la biósfera, en los que se produce barato para que otro procese y se lleve la mayor parte de la ganancia.

Escribo estas líneas desde Madrid, donde vivo y desde donde ayudo a comercializar este tipo de café. Sé que mi posición en la cadena es ambigua: soy una de las comunicadoras del origen, pero vivo lejos de él. Mi sustento, mi formación académica, mi capacidad para escribir este artículo, son posibles porque existe un mercado europeo dispuesto a pagar 12,90 € por 250 g de café.

No quiero fingir que no existo, pero también sé que, sin esa comunicación, las familias productoras este café seguirían vendiendo su cosecha a intermediarios por menos de la mitad de lo que hoy reciben.

04 / Habitar la contradicción

Y yo, ¿de qué lado estoy? Del lado de la contradicción asumida. Porque si bien el café de origen puede ser solo una moda más —y en muchos casos lo es—, lo cierto es que este dinero que llega al campo es una herramienta real que fortalece las relaciones territoriales y contribuye a contrarrestar dinámicas que han vaciado comunidades y erosionado territorios.

Si esa pequeña inyección de valor logra que una familia no tenga que migrar a la ciudad, que un suelo se repare o que una tradición agrícola no se pierda, entonces estamos ante algo que, sin ser la solución definitiva, sí es una oportunidad concreta: logra que las relaciones de producción se vuelvan innegables, y que parte del valor que antes se fugaba hacia lugares lejanos se quede en la montaña que lo produjo.

Los productos de origen único no van a cambiar las reglas del comercio mundial por sí solos. Pero son una respuesta dentro de ese sistema que, bien gestionada, puede inclinar mínimamente la balanza hacia un comercio más justo.

Nuestro papel es asumir sus contradicciones sin ingenuidad, pero también sin cinismo.

Gabriela Hernández

TERRIVERSAL · CONECTAMOS ORIGEN Y MERCADO

Una reflexión sobre el origen, el valor y las relaciones que sostienen nuestros productos.